La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las fuerzas más transformadoras de la economía global. Desde algoritmos que optimizan procesos industriales hasta plataformas que automatizan tareas administrativas, la IA promete redefinir el mercado laboral e indudablemente ha llegado para quedarse. Esta revolución tecnológica también plantea debates interesantes sobre el futuro del empleo: ¿cómo afecta a las economías de la región? ¿Qué sectores serán los más impactados? ¿Estamos preparados para adaptarnos a esta nueva realidad?
Un arma de doble filo
La automatización impulsada por IA tiene el potencial de transformar sectores clave como la manufactura, el transporte y los servicios, generando aumentos significativos en la productividad. Según el Informe sobre el Futuro del Empleo 2023 del Foro Económico Mundial, se espera que el 23% de los empleos cambie para 2027, con la creación de 69 millones de nuevos empleos y la eliminación de otros 83 millones debido a las tecnologías emergentes. Por otra parte, el informe de 2024 destaca que seis de cada diez trabajadores necesitarán formación adicional antes de 2027 para adaptarse a las nuevas demandas laborales.
A su vez, en sectores como el agrícola, la implementación de tecnologías basadas en IA ya está permitiendo optimizar el uso de recursos y mejorar los rendimientos, lo que podría ser una ventaja competitiva crucial para países exportadores como Argentina y Brasil. Lo que también es insoslayable es que mientras algunas economías verán incrementos en su competitividad global, otras enfrentarán desafíos importantes en términos de empleo y desigualdad.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aproximadamente el 50% de los trabajadores en América Latina están empleados en el sector informal. Este porcentaje varía significativamente entre países; por ejemplo, en Bolivia, la informalidad laboral supera el 80%, mientras que en Chile y Uruguay se sitúa en alrededor del 24%. Además, la informalidad es más prevalente en áreas rurales, alcanzando hasta el 75,4%, en comparación con el 44% de zonas urbanas.
En esa línea, Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía, advirtió sobre un «tecno-optimismo ciego» que ignora las consecuencias sociales de la IA. El economista considera que sin una regulación adecuada corremos el riesgo de consolidar un sistema laboral profundamente desigual, donde una pequeña élite controla el desarrollo y los beneficios de estas tecnologías mientras la mayoría enfrenta empleos de menor calidad y peores condiciones laborales. En nuestro país, las experiencias de flexibilización y precarización laboral llevaron al aumento del desempleo junto a una caída drástica del consumo.
Hacia un modelo de empleo complementario
Aunque los riesgos son reales, la IA también ofrece oportunidades significativas si se gestiona de manera adecuada. De hecho, la adopción de IA podría generar empleos en áreas como el análisis de datos, el diseño de algoritmos y la ingeniería de software. Estos trabajos, de mayor valor agregado, requieren habilidades específicas que nuestro país debe priorizar, poniendo énfasis en políticas públicas que permitan un acceso educativo, recreativo y cultural con la menor cantidad de barreras socio-económicas posibles.
Además, no es una novedad que las herramientas de IA también pueden complementar el trabajo humano en lugar de reemplazarlo. Un ejemplo de esto sucede en el sector de la salud, donde la IA podría permitir a los profesionales centrarse en tareas más complejas mientras los sistemas automatizados manejan procesos rutinarios. Este enfoque no solo mejora la calidad del empleo, sino también los resultados en términos de productividad y bienestar social.
Propuestas para un futuro laboral inclusivo
Para garantizar que la IA beneficie a la mayoría y no a los mismos de siempre, nuestro país debe adoptar una estrategia proactiva que combine innovación tecnológica con justicia social, que no es otra cosa que la equidad plural. Entre las medidas más urgentes se encuentran:
- Reformas educativas:incorporar habilidades digitales y de pensamiento crítico en los programas educativos desde la primaria, preparando a las futuras generaciones para un mercado laboral altamente tecnológico y digitalizado.
- Capacitación continua: establecer programas de reskilling y upskilling para trabajadores en sectores vulnerables a la automatización, asegurando que puedan adaptarse a nuevos roles.
- Regulación laboral: diseñar marcos legales que protejan los derechos de los trabajadores en entornos altamente automatizados, incluyendo la garantía de empleos dignos y condiciones laborales seguras.
- Fomento de la innovación local: promover la creación de startups y ecosistemas tecnológicos que desarrollen soluciones basadas en IA adaptadas a las necesidades del entorno.
La IA tiene el potencial de transformar profundamente el empleo. Su impacto dependerá de cómo gestionemos esta transición desde el Estado, las empresas y la sociedad civil. Ante este escenario, la clave está en construir un enfoque inclusivo y equilibrado que priorice la equidad y el bienestar. El futuro del empleo no está escrito; lo definiremos con las decisiones que vayamos adoptando.