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12.06.25

La IA redefine la medicina

Por CiudadanIA

La inteligencia artificial promete transformar la medicina personalizada, generando esperanza en el mundo científico y en quienes viven con enfermedades crónicas o poco frecuentes. Pero a medida que los avances se multiplican, surgen dos interrogantes clave: quién financia estos desarrollos y quiénes podrán acceder a ellos. 

La medicina personalizada promete revolucionar la manera en que se diagnostican y tratan enfermedades, adaptando terapias específicas según las características genéticas y clínicas individuales. Por caso, la inteligencia artificial juega un rol crucial en este avance, al analizar enormes volúmenes de datos médicos para identificar patrones imposibles de detectar por métodos convencionales. Los algoritmos de IA pueden predecir qué tratamientos serán más eficaces para pacientes específicos, reducir el tiempo de diagnóstico y, potencialmente, mejorar significativamente los resultados terapéuticos.

La primera gran pregunta es quién financia estos desarrollos. Actualmente, la mayor parte de las investigaciones en IA aplicada a la salud son impulsadas por grandes empresas tecnológicas, farmacéuticas y laboratorios privados, cuyos intereses comerciales pueden diferir notablemente de los objetivos del bienestar colectivo. La segunda pregunta, igual de relevante, es quién accederá a estas tecnologías una vez desarrolladas. La concentración del conocimiento, sumada a los altos costos de desarrollo e implementación, podría agravar la desigualdad en el acceso a tratamientos médicos avanzados. En otras palabras, corremos el riesgo de que la medicina personalizada se convierta en un producto exclusivo para quienes puedan costearlo.

La experiencia internacional ya ofrece algunas señales preocupantes. En países con sistemas de salud fuertemente privatizados, como Estados Unidos, la medicina personalizada impulsada por IA se encuentra disponible mayormente en centros privados de elite o a través de seguros de salud de alta gama. Por su parte, los sistemas públicos de salud enfrentan obstáculos financieros y burocráticos para incorporar estas tecnologías a gran escala. Esta situación podría profundizar la brecha entre quienes tienen acceso a tratamientos médicos avanzados y aquellos que dependen exclusivamente del sistema público.

Por ejemplo, el gigante Microsoft ha lanzado el proyecto de investigación “Inner Eye”, que utiliza machine learning para el análisis automático y cuantitativo de imágenes médicas tridimensionales, para crear modelos de IA con los que buscan revolucionar el campo de la medicina. En ese sentido, se han asociado con la Universidad de Cambridge, más particularmente con uno de sus hospitales de enseñanza, el Addenbrookes, con el que crearon el Proyecto OSAIRIS. Con esto, se busca agilizar los tiempos en la detección del cáncer y planificar sus tratamientos oncológicos con mayor rapidez y eficiencia. 

Acá es donde entra en escena el rol del Estado, en tanto es crucial que la innovación médica, especialmente la impulsada por tecnologías disruptivas como la IA, se gestione bajo criterios de justicia sanitaria y equidad social. La participación activa del Estado se refiere no solamente a su rol en el financiamiento de investigaciones, sino también en la regulación y en el aseguramiento del acceso universal, lo cual es imprescindible. Los países con modelos de salud pública sólida han demostrado ser capaces de incorporar de manera más equilibrada los avances tecnológicos, reduciendo la exclusividad y aumentando la accesibilidad.

En América Latina, donde las desigualdades estructurales ya golpean con dureza a los sistemas sanitarios, la medicina personalizada podría ser un arma de doble filo. Por un lado, presenta la oportunidad de ofrecer tratamientos precisos y efectivos a poblaciones diversas, mejorando considerablemente los índices de salud pública. Por otro, si no se toman medidas adecuadas desde los estados nacionales, podría perpetuar e incluso profundizar las desigualdades existentes.

La privatización excesiva de estos avances puede significar que las empresas controlen tanto los datos como las herramientas analíticas esenciales para la medicina del futuro. Para evitar que esto ocurra, es fundamental establecer marcos regulatorios claros que garanticen la transparencia en los algoritmos utilizados, la privacidad de los datos personales y el acceso universal a los tratamientos.

Además, es necesario promover colaboraciones público-privadas, en las que la propiedad intelectual no sea un obstáculo para el acceso a la salud. El Estado debe ser quien garantice que los avances en medicina personalizada impulsados por la IA sean equitativos y estén disponibles para todos los ciudadanos, independientemente de su condición económica o social.

En Argentina, con la colaboración del prestigioso CONICET y el Fleni, la empresa Entelai desarrolló un asistente virtual de inteligencia artificial con el objeto de mejorar el diagnóstico en ataxias crónicas, que se define como como la alteración de la marcha, del equilibrio y de la coordinación de los movimientos voluntarios y se genera por disfunción del cerebelo y sus vías. El modelo tuvo un 90% de efectividad en la detección de este tipo de afecciones.

En definitiva, la medicina personalizada impulsada por inteligencia artificial es una oportunidad extraordinaria para mejorar la calidad de vida de millones de personas. Pero si permitimos que su desarrollo quede exclusivamente en manos del mercado y la lógica del beneficio económico inmediato, corremos el riesgo de transformar una promesa revolucionaria en otra fuente más de inequidad social. La intervención activa del Estado, la regulación transparente y la priorización del acceso universal serán claves para determinar si la salud del futuro será realmente para todos o seguirá siendo un privilegio reservado para pocos.