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27.11.24

La IA desafía a América Latina a ser protagonista en vez de consumidor de tecnología

América Latina enfrenta un desafío en el ámbito de la inteligencia artificial. Históricamente, la región ha ocupado el rol de mercado consumidor de tecnologías desarrolladas en otros países, quedando al margen de las decisiones y avances que definen el futuro tecnológico. Partimos de la base de que, en términos de inversión en IA, América Latina no puede competir con las millonarias sumas destinadas por las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos o por el Estado chino. 

Frente a esta realidad, la región tiene la oportunidad de buscar un modelo propio u optar, por ejemplo, por un enfoque similar al de la Unión Europea, es decir, convertirse en punta de lanza en materia de regulación y desarrollo ético. Sin embargo, regular no alcanza, sino que también es necesario construir un ecosistema que fomente la innovación local y proteja los intereses regionales.

Cuando hablamos de la desigualdad en las capacidades de nuestro país, en comparación con las potencias en materia de IA, nos referimos, por ejemplo, a los niveles de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), que en los países latinoamericanos es significativamente menor que en las potencias tecnológicas globales. Según datos del Banco Mundial, Argentina destina 0.52% de su PBI, Brasil 1.15%, Colombia 0.29%, Chile 0.33% y Ecuador 0.44%; muy por debajo de Estados Unidos (3.46%), China (2,43%) y la Unión Europea (2,28%). Además, el ecosistema de startups tecnológicas aún está en desarrollo, con México, Brasil y Colombia liderando la creación de empresas tecnológicas.

En ese sentido, existen ejemplos en la región de cómo la IA puede utilizarse para resolver problemas propios de América Latina. En Argentina, de la mano del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el desarrollo de sistemas de IA para la agricultura de precisión ha permitido mejorar el rendimiento de cultivos en condiciones climáticas difíciles. Por su parte,  en Brasil, la Superintendencia Estatal de Tecnología de la Información y Comunicación (Setic) continúa el desarrollo y perfeccionamiento de aplicaciones de IA que se emplean en la detección temprana de incendios en el Amazonas. Estos casos no solo destacan la capacidad de la región para innovar, sino que también demuestran que la IA puede tener un impacto directo en los problemas locales cuando se diseña con objetivos locales.

Estos avances, aunque prometedores, son aún esfuerzos dispersos y aislados. Consolidar un lugar en la geopolítica de la inteligencia artificial requiere articular políticas que promuevan la colaboración entre sectores públicos y privados, apoyen a universidades e instituciones de investigación y fomenten la transferencia de conocimiento. Este es un paso clave para diseñar soluciones que respondan a los desafíos específicos de la región, maximizando el potencial del talento local y los recursos existentes.

A su vez, en materia de infraestructura digital, el acceso desigual a internet sigue siendo un obstáculo. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 40% de los hogares en la región no tiene acceso a internet mientras que, en zonas rurales, esta cifra supera el 50%. Esta brecha digital limita no solamente la capacidad de adopción de tecnologías basadas en IA, sino también la posibilidad de que se desarrollen soluciones locales que respondan a necesidades específicas.

Por caso, la integración regional también es clave para potenciar estos esfuerzos. Una cooperación más estrecha entre países latinoamericanos podría no solo reducir costos, sino también permitir el intercambio de conocimientos y la construcción de una infraestructura de IA compartida. Esta estrategia conjunta no sólo fortalecería la posición de América Latina en el escenario internacional, sino que también consolidaría su voz en debates globales sobre ética, transparencia y derechos digitales. En definitiva, la región tiene la oportunidad de liderar un modelo alternativo de desarrollo tecnológico, donde la innovación esté al servicio de las comunidades y no subordinada a intereses externos.

El talento como motor del cambio

América Latina cuenta con una población joven y altamente conectada, lo que representa una de sus principales ventajas competitivas. La región produce miles de ingenieros, desarrolladores y científicos que podrían ser clave en el desarrollo de una inteligencia artificial (IA) alineada con las necesidades locales. Sin embargo, la falta de oportunidades y el desinterés en políticas que retengan este talento han provocado una fuga de cerebros que limita el potencial de crecimiento tecnológico en los países de origen.

En países como Argentina, México, Brasil y Colombia, este fenómeno es evidente. En Argentina, por ejemplo, la situación fue discutida en la reunión de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Cámara de Diputados del pasado 30 de octubre. En esa ocasión, Jorge Geffner, doctor en Bioquímica e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), señaló: “Lo que estamos viendo es la punta del iceberg; hay muchísimos investigadores jóvenes que están haciendo trámites para irse al exterior. Estamos asistiendo al desmantelamiento masivo de grupos de investigación”. Esta problemática, causada principalmente por el desfinanciamiento del CONICET, refleja un panorama compartido en varios países de la región.

En Colombia, la fuga de talentos también está estrechamente ligada a problemas estructurales en el sistema educativo y científico. Aunque el país ha avanzado en programas de formación tecnológica, como el desarrollado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), los investigadores y profesionales enfrentan dificultades para acceder a financiamiento y recursos que les permitan continuar sus proyectos. Esto genera una dependencia de oportunidades en el exterior, especialmente en campos emergentes como la IA.

El CONICET en Argentina, principal organismo de ciencia y tecnología del país, reúne a más de 12.000 investigadores, 10.500 becarios y una extensa red de centros y laboratorios. Sin embargo, enfrenta una profunda crisis debido a recortes presupuestarios que, en 2024, redujeron significativamente las becas de investigación. En Brasil, donde la fuga de talentos también es significativa, los recortes a la educación y la investigación han obstaculizado la innovación en áreas clave como la biotecnología y la inteligencia artificial. De manera similar, México enfrenta desafíos relacionados con la centralización de recursos y el acceso desigual a oportunidades de formación.

Para revertir esta situación, es fundamental apostar por una educación tecnológica accesible y de calidad, que prepare a las nuevas generaciones no solo en habilidades técnicas, sino también en principios éticos que valoren las particularidades culturales y sociales de la región. Este enfoque debe incluir políticas públicas que fomenten la permanencia del talento local y faciliten su contribución al desarrollo de una IA que responda a los desafíos específicos de América Latina, como la atención médica en áreas rurales, la modernización agrícola y la planificación urbana en megaciudades.

Con políticas públicas adecuadas, América Latina tiene el potencial de liderar el desarrollo de una IA que refleje su diversidad cultural y ofrezca soluciones innovadoras a sus desafíos. De esta manera, el talento local puede convertirse en un verdadero motor de cambio, impulsando el crecimiento económico y consolidando a la región como un actor clave en el panorama global de la tecnología.

Algoritmos soberanos: una apuesta necesaria

En un escenario donde los algoritmos definen decisiones clave para las sociedades, América Latina enfrenta el desafío de garantizar su soberanía digital. Este concepto, conocido como «algoritmos soberanos» no se limita a la creación de tecnología propia, sino que implica desarrollar sistemas ajustados a las leyes, principios éticos y necesidades locales.

El desarrollo de algoritmos soberanos permitiría a los países de la región resguardar sus datos más sensibles, como los vinculados a la salud o a la educación, y asegurar que las decisiones tomadas con IA estén alineadas con sus prioridades. Además, esta apuesta no solo tiene implicancias técnicas, sino también estratégicas. En campos como la salud, donde la información es especialmente sensible, contar con algoritmos soberanos permitiría a los gobiernos y actores locales tomar decisiones basadas en datos generados y procesados en un entorno controlado. 

Adoptar este modelo no está exento de dificultades. La inversión en infraestructura digital, el apoyo a universidades y centros de investigación, y la colaboración público-privada son fundamentales para materializar esta visión. Países como Brasil y Argentina han dado pasos iniciales en esta dirección, con proyectos orientados a resolver problemas locales a través de la IA. No obstante, aún falta articular una política regional que permita compartir recursos, experiencia y conocimiento.

Por eso, la integración regional también juega un rol clave en este desafío. Como ocurrió con la Declaración de São Luís, presentada en el marco del G20 en Brasil, la región puede y debe avanzar hacia un marco conjunto que priorice la transparencia y el control de los algoritmos, no solo como una respuesta técnica, sino como un acto de soberanía.