NOTICIAS

05.12.24

IA y cambio climático: oportunidades y riesgos para América Latina

América Latina, a pesar de ser una región rica en biodiversidad y recursos naturales, tiene aún una gran deuda en materia del cambio climático. Desde la deforestación en el Amazonas hasta los huracanes en el Caribe, los efectos del calentamiento global son visibles y cada vez más intensos. En este contexto, la inteligencia artificial aparece como una herramienta más que interesante para mitigar estos problemas. Sin embargo, su implementación también plantea riesgos significativos, especialmente si la región no desarrolla un enfoque soberano

Una herramienta para monitorear y actuar

De acuerdo a los datos de World Resources Institute (WRI), durante 2023 casi 3.7 millones de hectáreas dejaron de ser bosques tropicales primarios y se estima que el ritmo de deforestación es equivalente a la superficie de diez canchas de fútbol por minuto. Para entender la magnitud del daño: se talan 15 billones de árboles por año. Un ritmo insostenible, más aún si tenemos en cuenta que, entre 2022 y 2023, en América Latina la deforestación se incrementó un 8%, con Brasil y Argentina mostrando cifras preocupantes: 3.31 y 2.32 millones de hectáreas, respectivamente. 

Otra área de impacto es la optimización de recursos. En países donde las infraestructuras energéticas están sobrecargadas o son ineficientes, la IA puede ayudar a gestionar mejor las redes eléctricas, integrando fuentes de energía renovable como la solar o la eólica. Esto no sólo reduce las emisiones de carbono, sino que también promueve un sistema energético más resiliente y accesible. Por ejemplo, algoritmos predictivos pueden identificar patrones de consumo y ajustar la distribución de energía en tiempo real, minimizando pérdidas y maximizando la eficiencia.

El cambio climático exige respuestas rápidas y eficaces, y acá es donde la IA puede marcar una diferencia. Una de sus principales aplicaciones es el monitoreo ambiental. Por ejemplo, algoritmos avanzados pueden analizar imágenes satelitales para identificar en tiempo real la deforestación ilegal o predecir fenómenos climáticos extremos con mayor precisión. En Brasil, tecnologías de IA ya se emplean para detectar incendios en el Amazonas, permitiendo una reacción más temprana y efectiva. Asimismo, el uso de drones combinados con algoritmos de aprendizaje automático facilita el monitoreo de áreas protegidas y la vigilancia de actividades ilegales como la minería clandestina o la pesca no declarada.

La experiencia Amazonas 

En Brasil, la Universidad del Estado de Amazonas, ha desarrollado un dispositivo innovador con inteligencia artificial, llamado Curupira, para combatir la deforestación en el bosque tropical más extenso del mundo. Este aparato, que recuerda a un módem, utiliza sensores y un programa informático capaz de identificar sonidos característicos de actividades ilegales como motosierras y tractores. Cuando detecta una amenaza, el dispositivo envía alertas en tiempo real a una central, permitiendo una intervención inmediata. Inspirado en el mítico guardián de la selva de la mitología indígena, el Curupira complementa los sistemas de vigilancia por imágenes satelitales, alertando antes de que el daño sea irreversible.

En una fase piloto diez prototipos se probaron con éxito en zonas boscosas cercanas a Manaos. Estos sensores inalámbricos, que no requieren conexión a internet, pueden comunicarse entre sí a un kilómetro de distancia, formando una red que cubre grandes áreas. Los creadores buscan financiamiento para desplegar entre cien y mil sensores, con la esperanza de proteger vastas regiones de la selva amazónica y marcar un hito en la lucha contra la deforestación mediante tecnología sostenible y accesible.

Propuestas para una IA soberana y sostenible

Ante este panorama, América Latina tiene la oportunidad de construir un modelo tecnológico propio que combine innovación, sostenibilidad y soberanía. Para lograrlo, es fundamental implementar políticas públicas que prioricen el desarrollo local y reduzcan la dependencia de tecnologías externas. Algunas propuestas clave incluyen:

  1. Inversión en infraestructura digital: La adopción de IA requiere una base tecnológica sólida, desde redes de conectividad en áreas rurales hasta centros de datos locales que permitan almacenar y procesar información de manera segura.
  2. Fomento de alianzas público-privadas: Los gobiernos deben trabajar junto a empresas y universidades para desarrollar soluciones tecnológicas adaptadas a los desafíos específicos de la región. Por ejemplo, crear programas de investigación conjunta que aborden problemas como la gestión del agua en zonas afectadas por sequías o la conservación de la biodiversidad.
  3. Capacitación de talento local: Es esencial formar a científicos y desarrolladores en el uso de IA aplicada al cambio climático, promoviendo programas educativos que combinen conocimientos técnicos con una perspectiva ética y social. Esto también incluye frenar la fuga de cerebros mediante incentivos para que el talento local permanezca en la región.
  4. Regulación de datos ambientales: Los gobiernos deben garantizar que los datos utilizados para entrenar los algoritmos estén protegidos y sean representativos de las condiciones locales. Esto implica establecer marcos regulatorios claros que prioricen la transparencia y el control local sobre la información.
  5. Cooperación regional: La integración entre países latinoamericanos es clave para compartir conocimientos, reducir costos y desarrollar una infraestructura de IA compartida. Iniciativas como la Declaración de São Luís del G20, que destaca la importancia de la soberanía tecnológica, pueden servir como base para un esfuerzo conjunto en materia climática.

El desafío del cambio climático exige más que tecnologías avanzadas, sino que requiere un compromiso político y social que garantice que estas herramientas estén al servicio de las naciones soberanas. La inteligencia artificial, bien implementada, tiene el potencial de ser un motor de transformación en la región, pero su éxito dependerá de la capacidad de América Latina para establecer marcos regulatorios sólidos, priorizar la inclusión social y fomentar el desarrollo de tecnologías soberanas. Sólo así se podrá equilibrar la balanza entre innovación y equidad ambiental.