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19.11.24

IA, DDHH y soberanía: desafíos urgentes desde el G20

La inteligencia artificial se encuentra, indudablemente, en el centro del debate internacional, no sólo por sus beneficios, sino también por los riesgos que plantea para los derechos humanos, la democracia y la igualdad. Durante el G20 Social, un foro paralelo al G20 oficial en Brasil, que organizó el Consejo Nacional de Derechos Humanos (CNDH), quedó claro que la regulación de esta tecnología ya no puede esperar. Sin reglas claras, la IA puede consolidar el racismo algorítmico, profundizar la desigualdad digital y concentrar aún más el poder en unas pocas corporaciones multinacionales.

En este contexto, surge una pregunta fundamental: ¿puede América Latina, y en particular Argentina, construir un modelo tecnológico que priorice los derechos humanos y garantice el acceso equitativo a los beneficios de la IA? La respuesta requiere decisión política, participación ciudadana y un marco regulatorio que ponga límites a los excesos de las grandes tecnológicas.

Uno de los principales temas debatidos en el G20 Social fue el sesgo inherente de los algoritmos de IA. Lejos de ser neutrales, estos sistemas reflejan las decisiones de quienes los programan y los datos con los que se alimentan. Esto tiene consecuencias directas para grupos históricamente vulnerables, como mujeres, comunidades afrodescendientes, personas LGBTQIA+, y personas con discapacidad. Cuando los algoritmos replican estructuras sociales de discriminación, no solo perpetúan las desigualdades, sino que las amplifican. Se crea un sentido. 

En un mundo donde los sistemas de IA deciden quién obtiene un empleo, qué contenidos vemos en redes sociales o cómo se asignan recursos públicos, la falta de regulación adecuada puede tener efectos devastadores. Es necesario exigir que las empresas responsables de estas tecnologías rindan cuentas y garanticen la transparencia en sus sistemas. Si bien iniciativas como el proyecto de Ley Nº 2.338/2023 en Brasil buscan abordar estas cuestiones, todavía estamos lejos de lograr un consenso global que proteja los derechos fundamentales. 

Según el último informe Global Risks 2024 del Foro Económico Mundial, la información falsa o distorsionada producida por la IA representa nada menos que el “mayor riesgo global a corto plazo”. Por caso, el texto mencionado, presentado por el presidente del Senado brasileño, Rodrigo Pacheco (PSD), busca proteger los derechos fundamentales y garantizar la implementación de sistemas seguros y confiables en beneficio de la persona humana, el régimen democrático y el desarrollo científico y tecnológico. 

La IA puede tener un impacto positivo en la comunicación política, permitiendo campañas hiper personalizadas que respondan a las necesidades específicas de distintos grupos sociales y faciliten el acceso a la información a través de chats regulados. Sin embargo, esto requiere un marco regulatorio sólido y un plan de ciberseguridad amplio. En respuesta a este desafío, el 26 de diciembre de 2023, Lula Da Silva firmó un decreto para establecer la Política Nacional de Ciberseguridad y un Comité Nacional de Ciberseguridad en Brasil, con el objetivo de combatir ciberataques, desarrollar tecnologías nacionales y garantizar la seguridad de la información. Esto, en el marco de que, según la consultora Netscout, en el primer semestre de 2023, Brasil sufrió el 41,78% de los ciberataques registrados en América Latina, evidenciando la urgencia de estas medidas.

Soberanía tecnológica: un desafío clave

La Declaración de São Luís, presentada en el marco del G20 Brasil, subrayó la importancia de una IA que no solo promueva el desarrollo sostenible, sino que también respete la soberanía tecnológica de los países. La concentración del desarrollo de IA en manos de unas pocas multinacionales plantea serias dudas sobre la seguridad de los datos y la capacidad de los países para decidir sobre su propio futuro digital.

En Argentina, este debate tiene un peso particular. La dependencia de tecnologías extranjeras y la falta de una infraestructura digital propia nos coloca en una posición vulnerable frente a las decisiones de actores externos. Para proteger nuestra soberanía, es imprescindible invertir en el desarrollo local de tecnologías y fomentar políticas que fortalezcan nuestra autonomía digital. Esto incluye promover la alfabetización digital, garantizar la participación de la sociedad civil en el diseño de las regulaciones y adoptar medidas que hagan de la IA una herramienta para la inclusión y no para la exclusión.

Derechos humanos y el futuro de la IA

La alfabetización digital, discutida como prioridad en el G20 Social, es clave para empoderar a las comunidades frente a los desafíos de la era digital. Sin un entendimiento básico de cómo funcionan los sistemas de IA y cómo influyen en nuestras vidas, el poder de decisión queda exclusivamente en manos de quienes diseñan estas tecnologías. Desde Argentina, tenemos la oportunidad de liderar un enfoque que priorice el derecho a la conectividad como condición esencial para la participación democrática.

La IA puede ser una aliada para mejorar la calidad de vida, pero su implementación debe estar guiada por principios claros de justicia y equidad. Esto significa garantizar que todas las personas, independientemente de su lugar de origen o nivel socioeconómico, tengan acceso a los beneficios de la tecnología. Al mismo tiempo, es necesario proteger a quienes se ven afectados negativamente por el uso irresponsable de la IA, como los defensores de derechos humanos, quienes a menudo son blanco de campañas de odio amplificadas por algoritmos.

La regulación de la inteligencia artificial no es sólo una cuestión técnica, sino fundamentalmente un acto político que define cómo queremos vivir en la era digital. En un contexto global marcado por desigualdades crecientes, Argentina y América Latina tienen la oportunidad de impulsar un modelo de IA ético e inclusivo que priorice los derechos humanos y la soberanía tecnológica. No se trata solo de poner límites a los excesos de las grandes corporaciones, sino de construir un futuro donde la tecnología esté al servicio de las personas, y no al revés.