Argentina, reconocida mundialmente por su trayectoria en el ámbito nuclear, enfrenta un período crítico marcado por el desfinanciamiento del sector científico y tecnológico. En este contexto, la administración de Javier Milei sorprendió con el anuncio de un nuevo Plan Nuclear Argentino que promete integrar inteligencia artificial (IA) en la gestión y desarrollo de reactores modulares con potencial exportador.
¿Es viable este plan en un escenario de abandono del sector? ¿Qué pasará con proyectos como el reactor CAREM, símbolo de la innovación nuclear nacional, que permanece paralizado por falta de apoyo? Este giro inesperado, que busca posicionar la IA como una herramienta clave para modernizar la industria nuclear, pone en duda no solo la viabilidad del plan, sino también la coherencia entre el discurso oficial y las acciones de un gobierno que ha desestimado la importancia estratégica de estas tecnologías para el desarrollo del país.
Mientras el gobierno presenta la IA como el motor de una “revolución tecnológica”, el desfinanciamiento sistemático de sectores clave revela una preocupante brecha entre las aspiraciones anunciadas y las prioridades reales.
El impacto ambiental de la Inteligencia Artificial
Según la Agencia Internacional de Energía, una pregunta realizada a ChatGPT consume diez veces la electricidad de una búsqueda en Google. La misma agencia pone el ejemplo del centro tecnológico de Irlanda, estimando que el auge de la IA podría hacer que los centros de datos representen casi el 35% del uso de energía del país para 2026.
Más de 190 países han adoptado una serie de recomendaciones no vinculantes sobre el uso ético de la IA, que abarca el medio ambiente. Además, tanto la Unión Europea como los Estados Unidos de América han introducido legislación para atenuar el impacto ambiental de la IA. Pero políticas como esas son escasas y desarticuladas entre sí, afirmó Golestan Radwan.
«Los gobiernos se apresuran a desarrollar estrategias nacionales de IA, pero rara vez tienen en cuenta el medio ambiente y la sostenibilidad. La falta de barreras ambientales no es menos peligrosa que la falta de otras salvaguardas relacionadas con la IA», agregó.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha publicado un informe que analiza estos problemas y sugiere soluciones, como la mejora de la eficiencia energética de los algoritmos, el uso de energías renovables en los centros de datos y la integración de las políticas de IA en las normativas ambientales nacionales. Se recomienda además la creación de estándares para medir el impacto ambiental de la IA y la transparencia en la divulgación de sus consecuencias.
Qué es la Energía Nuclear
Según describe la Secretaría de Energía de la Nación, la energía nuclear “es la energía que se libera como consecuencia de la reacción que se produce cuando se dividen los núcleos atómicos pesados. Ésta es también denominada Fisión Nuclear. Como resultado de este proceso se generan grandes cantidades de calor que son aprovechadas para producir vapor a presión, lo que permite obtener energía mecánica para poner en funcionamiento generadores de energía eléctrica”. Y agrega: “La energía nuclear tiene la ventaja de producir un bajo impacto ambiental, lo que la convierte en una fuente sustentable, ya que produce ínfimas cantidades de gases que provocan el llamado efecto invernadero”.
En el presente, el 10 por ciento de la energía eléctrica del mundo surge como resultado de la energía nuclear. Ese porcentaje es posible gracias al trabajo que realizan 416 reactores repartidos en 33 países. Con los más de 60 que están en proceso de fabricación, se prevé que el 10 por ciento escale a 18 o 20 por ciento en los próximos años. La nuclear es la segunda fuente de energía en EEUU: cubre el 20 por ciento total de la demanda eléctrica, a partir del funcionamiento de 90 reactores. Luego, Francia y China poseen más de 50 en operación.
La Energía Nuclear en la Argentina
En 1950 se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), organismo que junto a otros, como el Instituto Balseiro, fue clave para el desarrollo nuclear del país, y que llevó a la Argentina a poseer el primer reactor nuclear experimental de América Latina en 1958.
Actualmente nuestro país cuenta con 3 centrales nucleares: Atucha I (que comenzó a funcionar en 1968 en Lima, en el partido bonaerense de Zárate, y fue la primera de Latinoamérica); Atucha II (como la primera, ubicada en Zárate); y Embalse (en Embalse, Córdoba). De acuerdo con los últimos datos disponibles, en conjunto las 3 centrales nucleares aportan el 6,5% del total de energía eléctrica distribuida en la Argentina.
“Hoy la energía nuclear está creciendo de la mano de los reactores modulares, que son pequeños y pueden industrializarse y exportarse, y su fabricación requiere de montos mucho menores que las grandes centrales”, explicó Julián Gadano, director de política nuclear de la Fundación Argentina Global y ex subsecretario de Energía Nuclear en la presidencia de Mauricio Macri (Cambiemos), en declaraciones a Radio con Vos.
Adriana Serquis, ex titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica, analiza la presentación del viernes y dice a Página/12: “El discurso sigue lleno de contradicciones y de falta de información. En verdad, no tiene ningún anuncio concreto. Es muy raro hablar de un SMR (reactores modulares pequeños, por sus siglas en inglés), sin mencionar al que ya tenemos, el Carem, que posee un 70 por ciento de avance (en la construcción). Es una manera de que el proyecto se caiga; probablemente utilizarán a todo ese equipo técnico para poder iniciar el nuevo, que por otro lado no tardará menos de 10 o 15 años. Suena más a especulación financiera que otra cosa”. Y continúa: “Solo es un anuncio rimbombante, con el único objetivo de destruir lo que ya existe”.
Nicolás Malinovsky, ingeniero electricista (Universidad Nacional de Río Cuarto) y especialista del área, plantea: “Estuvimos diez días esperando la presentación y la verdad es que podríamos definirlo como ‘El no plan nuclear’. Esperábamos, como el presidente había anticipado en algún stream, algo sobre Atucha III, pero eso no apareció. Lo que sí dijo es que construirán un reactor modular en el predio de Atucha, pero omitió que desde 2014 ya se está construyendo uno: el Carem”. La pregunta queda abierta: ¿qué reactor y con qué tecnología se realizará? “La gravedad de este anuncio es que la sociedad compre los espejitos de colores sobre un nuevo plan y terminemos con un sector –que es construido desde hace más de 70 años– totalmente extranjerizado y sin capacidades científicas-tecnológicas locales”, sentencia Malinovsky.